Federico Bonelli - Grandes la Danza - Bailarines del mundo

GRANDES DE LA DANZA

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Federico Bonelli

Europa

El primer bailarín del Royal Ballet de Londres Federico Bonelli habla y entiende el idioma español como si hubiese nacido en Cuba. De niño, sus profesores de danza en la escuela de Torino, Italia, eran cubanos y le hablaban en “italiolo”, algo que define como mitad italiano, mitad español. Al principio, confiesa, no practicaba ballet de verdad, simplemente jugaba con la música, pues empezó a bailar muy temprano a los cinco años. Su talento y esfuerzo le valieron el segundo premio en el concurso internacional de ballet de La Habana, el primer lugar en el certamen internacional de Rieti y una beca del Prix de Lausanne. En 1996 ingresó al Ballet de Zurich, Alemania, donde un año más tarde alcanzó la categoría de solista. Se convirtió en primera figura del Ballet Nacional de Holanda en el 2002, y en 2003 empezó a hacer carrera con el Royal Ballet en el máximo escaño de esta compañía que ha hecho vibrar a la Habana en los días que más que correr “vuelan”.

“Hace seis años que bailo con el Royal Ballet pero no pasé por su escuela. Todavía intento aprenderme el estilo. La compañía tiene fuerza y conocimiento suficientes para asimilar a los artistas que no pasaron por su escuela, y sabe guardar al mismo tiempo el estilo inglés. Creo que las compañías evolucionan cuando reciben disímiles estilos, y esto sucede con el Royal, es muy internacional, toma lo mejor de otros y lo combinaba con el estilo inglés”.

Gracias a las funciones, espectaculares, muchos cubanos han podido apreciar, en vivo, el estilo de la escuela inglesa de ballet. El Royal es la compañía clásica más importante de Reino Unido y como explica Bonelli ha sabido con el tiempo escurrir los defectos con inteligencia. Actualmente su escuela no es capaz de producir un gran número de bailarines con calidad, en cambio, la compañía sabe atraer a excelentes danzantes de diversas partes del mundo. El resultado: un conjunto heterogéneo de nacionalidades, pero, aclara Bonelli: “a pesar de la diversidad de repertorio, existe una tradición muy fuerte en el Royal Ballet con los ballets de Frederick Ashton y Kenneth MacMillan, que definen el estilo inglés”.

A Federico le satisface el repertorio de la compañía y la posibilidad de compartir con muy buenos bailarines. La española Tamara Rojo, la rumana Alina Cojocaru, el danés Johan Kobborg, la argentina Marianela Nuñez y el brasileño Thiago Soares, son algunos de los nombres, primeras figuras del Royal, que aparecen como estrellas invitadas en la mayoría de las galas y festivales internacionales de relevancia. “Pienso que tomar los talentos del extranjero es algo positivo pues sube el nivel de la función. Por otra parte, para un bailarín es importante tener compañeros que sean buenos porque eso te empuja a crecer continuamente”.

Una obra en específico deslumbró a los espectadores desde el 14 de julio, la primera noche de presentación: “Chroma”, de Wayne McGregor, el actual coreógrafo residente del Royal. De su proceso de montaje y puesta en escena Bonelli revela datos que solo conocían, hasta ahora, los bailarines: “cuando MacGregor hizo esta coreografía la construyó por fragmentos: uno, dos, tres, pero a veces los cambiaba de modo que ponía el tres al principio, el dos al final y el uno en el medio. Los bailarines clásicos no estamos acostumbrados a bailar así; porque en el ballet jamás se viola el orden de los pasos y escenas. Sin embargo, él juega con esta coreografía, me di cuenta de que el trabajo que hizo al principio era como un estudio. Similar a un pintor que hace un boceto y luego lo va cambiando. También la coreografía es más amplia que la que se ve en el escenario, hay cosas que al final no utilizó. MacGregor tiene una forma de trabajo muy interesante y compleja para los bailarines, a veces hace un paso a dos con un hombre y una mujer; y dos varones se tienen que aprender la misma cosa. Veo a este artista como alguien que habla muchísimo, la coreografía le sale de la nariz, es un creador nato. Lo bueno además es que él trabaja con el bailarín en particular, a veces yo no podía hacer exactamente lo que pedía pero Wayne utilizaba mi cuerpo hasta conseguir plasmar con mis posibilidades de movimiento lo que quería. Y si se fijan, en “Chroma”, bailarines con características diferentes bailan con estilos diferentes el mismo ballet. Hay bailarines con mucho ataque y otros que son más líricos. Resulta muy interesante”.

Federico Bonelli habla con pasión de su familia en Italia, un hermano actor, su padre maestro pero aficionado a la ópera que le inculcó desde niño el amor por las artes. Tal vez esa sea la causa de su visión de la danza: “Me gusta compartir la escena con bailarinas que cuando deben interpretar un papel, de verdad lo sienten. Me interesa bastante la parte artística del ballet. Claro que la parte técnica nos gusta mucho a los jóvenes pero el nivel artístico es para mí un nivel de más”.

En galas internacionales se le ha visto bailar junto a Tamara Rojo, entre otras figuras de prestigio mundial. “La participación en galas internacionales te abre los horizontes porque ves artistas de otras compañías, otros estilos, la forma de danza de otros países, te puedes dar cuenta de lo que pasa en otros sitios. Primero que todo, a mi me gusta observar el ballet, entonces, mirar otra gente que baila bien es un estímulo y te enriquece. Un artista necesita de ese enriquecimiento para poder evolucionar en su arte”.

Por ahora piensa seguir radicando en Londres: “es un buen sitio para mí porque encuentro oportunidades de apreciar todas las artes escénicas: teatro, ballet, ópera, cine. Es una ciudad muy viva. Le falta un poco de sol y hace frío a veces, no es como aquí en Cuba, pero me he sentido bien”. Bailar en Cuba tiene de emoción y nerviosismo, esto es algo que no ha podido ocultar ninguno de los integrantes de la espléndida compañía británica. Bonelli, como uno más, cuenta que espera ansioso cada noche que se abran las cortinas para poder brindar a un público tan apasionado lo mejor de su arte. Y, como cada uno de sus compañeros, –sobresale en él que siempre habla en plural con orgullo- lo ha sabido hacer con suma elegancia.
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